30/06/2010
EDUCACIÓN EN LIBERTAD
Sabemos que unos de los principios de las necesidades humanas es ser aceptado y querido por otros; es una necesidad de sobrevivencia, una necesidad cuya satisfacción lo hace dependiente, porque no la puede satisfacer por si mismo. Si no se le da el amor sin condiciones, el niño estará dispuesto a dejarse condicionar, con tal de obtener reconocimiento y cariño. Es así como el niño de la que trabaja y vive en la calle, es obligado a portarse como un pequeño adulto, trabajando para sostener a su familia, reprimiéndole sus impulsos naturales del juego y de ser niño, por lo que es probable que el día de mañana serán personas adulta, que vivido un inadecuado desarrollo y recorran el mismo camino con sus hijos e hijas. El sufrimiento, la inseguridad y la confusión emocional vivida en la infancia, perdurará durante toda la vida; la mayoría de los niños y adolescentes de la calle soportan una carga sin conciencia de su origen y la proyectan hacia sus problemas y las relaciones sociales de su vida cotidiana. Esta carga pone en peligro su vida productiva, buscando muchos un alivio en el consumo de drogas y alcohol y en otras distracciones efímeras que lo conducen a una apatía general.
En la Casa de Acogida Chibolito compartimos el día a día con niños, niñas y adolescentes que trabajan y viven el la calle, donde hemos apreciado que no tienen reglas y normas, solo las que se imponen ellos mismos y algunas que la sociedad les obliga, Las cuales ellos tratan de romperlos constantemente.
Respetar al niño y adolescente, es permitir que él nos manifieste sus necesidades, es aprender a interpretar sus manifestaciones y encontrar nuevas soluciones a los problemas que se representen, tomando en cuenta, esas necesidades y los mecanismos naturales de desarrollo. Veremos entonces que, tanto la vida afectiva como la intelectiva del niño y adolescente, son parte de su crecimiento sano; entonces, seremos testigos de una lenta pero segura toma de conciencia y un libre fluir de sus energías. Si los niños son respetados en su individualidad, autonomía y necesidades dictadas por las leyes de su desarrollo sentirán cada menos urgencia de defender su integridad y pueden respetar sin problema las necesidades de otros.
En la casa Chibolito los adultos se deben abstener de dirigir y programar las experiencias de los niños y adolescentes. Su presencia, en cambio, lejos de ser superflua o decorativa, debe dar seguridad física y emocional a los niños. Los colaboradores vigilarán que las reglas básicas de casa garanticen la armonía entre niños y el buen estado del ambiente. Esta seguridad personal le permitirá al niño aprender a tomar decisiones importantes para él, a encontrar las actividades que más correspondan a sus necesidades y explorar el ambiente que a su edad parezca vasto y complejo. El adulto es responsable del ambiente en el cual el niño puede encontrar el camino hacia su plena realización y la del niño que le hace partícipe de su vida, de sus necesidades, de sus mecanismos naturales de aprendizaje; solo así podremos enseñar en una verdadera Educación en Libertad.